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Texto del códice

Me he enfrentado a duelistas antivanos, guerreros de la ceniza y guerreros de la bruma; si les arrebatamos sus títulos y sus trucos, son simples hombres que quieren matar a sus enemigos, pero necesitan una mano libre para hacerlo. Los duelistas prefieren un blanco fino frente a la fuerza ofensiva de un main gauche. Los guerreros de la ceniza necesitan una mano para guiar a sus mabari y un arma más ligera para aprovechar los huecos que abren sus perros, mientras que los guerreros de la bruma confían demasiado en el sigilo y la velocidad como para usar un escudo pesado.

Al enfrentarnos a estos rivales, hemos de tener cuidado con su velocidad. Sus manos y sus pies se moverán mucho; ignoradlos. Vigilad mejor sus caderas y sus hombros. En primer lugar, negadles la ventaja que les concedan sus aliados o el entorno, salvo que dispongáis de un entrenamiento semejante al suyo. Cuando controléis sus armas, abrumadles. No tienen escudo y no debéis temer el empleo de una segunda arma.

Si os veis obligados a luchar de semejante manera, debéis decidir si hacerlo como un duelista, a una mano, o como un gentilhombre. En el primer caso, alejad la pierna trasera para reforzar vuestro centro de gravedad, pues carecéis de escudo y de segunda arma; emplead ataques rápidos y ceded terreno sin dudar cuando no encontréis una ventaja. En el segundo caso, confiad en vuestro avambrazo y guantelete como escudo e intentad desarmar a vuestro rival. Mi brazo izquierdo tiene cicatrices que atestiguan tales hazañas, pero mis rivales se llevaron la peor parte. Mejor aún: no perdáis vuestro escudo, pero las batallas no son perfectas.

—Un extracto de Una meditación sobre el uso de la espada, del maestro de esgrima Massache de Jean-mien, lectura obligatoria en la Academia de Gentilhombres

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