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Texto del códice

A ojos de nuestros vecinos, Ferelden parece un caos absoluto. A diferencia de otras monarquías, el poder no emana del trono. En vez de ello, proviene del apoyo de los terratenientes.

Cada hacienda elige a un bann o arl al que rendirle tributo. Normalmente, esta elección se basa en la proximidad de la hacienda con el castillo de un señor, ya que no tiene sentido pagar para que te defiendan unos soldados que llegarán a tus tierras demasiado tarde. En su mayoría, cada generación de terratenientes confía su suerte al mismo bann que su padres, pero las cosas pueden cambiar, y cambian. No se pronuncian juramentos formales y no es raro oír, especialmente en el quisquilloso Bannorn central, de banns que cortejan a terratenientes para apartarlos de sus vecinos, una práctica que inevitablemente engendra rivalidades que pueden durar siglos.

Los teyrns surgieron de los banns, gracias a adalides que, en la antigüedad, se hicieron lo bastante poderosos como para impeler a otros banns a que les juraran fidelidad. Hubo muchos teyrns en los tiempos anteriores al rey Calenhad, pero éste consiguió reducirlos a dos: Gwaren, en el sur, y Pináculo, en el norte. Estos teyrn aún son beneficiarios de juramentos de banns y arls que pueden invocar en caso de guerra o de catástrofe y, recíprocamente, los teyrn aún tienen la responsabilidad de defender a quienes les han jurado lealtad.

Los arls fueron creados por los teyrns, al darles el mando de fortalezas estratégicas que no podían supervisar ellos mismos. A diferencia de los teryns, los arls no tienen banns juramentados y no son más que banns con prestigio.

El rey es, en esencia, el teryn más poderoso. Aunque Denerim fue en origen el teryn del rey, se ha visto reducida a un arling, ya que toda Ferelden es ahora dominio del rey. Pero hasta el poder real ha de emanar de los banns.

En ningún momento ello se hace más evidente que durante la gran asamblea, un conflicto anual en el que se reúnen todo los nobles de Ferelden y que se lleva celebrando desde hace casi tres mil años excepto por alguna que otra interrupción debida a las Ruinas y a las invasiones. El espectáculo de un rey pidiendo el apoyo de sus "anfitriones" y trabajando para ganárselo es una fuente de asombro constante para los embajadores extranjeros.

--De Ferelden: folclore e historia, de la hermana Petrine, erudita de la Capilla

Entradas del códice relacionadas

Entrada del códice: Vassals and their Liege

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