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Texto del códice

La cuarta vez intenté cruzar la frontera de Nevarra desde Orlais y los gentileshombres me hicieron dar la vuelta, por lo que decidí dar un gran rodeo: un barco de vuelta a Ferelden y luego otro a Nevarra. El resultado compensó con creces las molestias.

Todo el país está repleto de arte, desde las estatuas de héroes que cubren las calles de las aldeas más humildes hasta el Colegio de los hechiceros de Cumberland, bañando de reluciente oro. Quizá no haya un lugar más asombroso que la enorme necrópolis de las afueras de la ciudad de Nevarra. A diferencia de la mayoría de seguidores de Andraste, los nevarros no queman a sus muertos. En vez de ello, conservan cuidadosamente los cuerpos de éstos y los guardan en tumbas elaboradas. Algunos de los nevarros más acaudalados empiezan a construir su propia tumba ya de muy jóvenes y las convierten en palacios increíbles, llenos de jardines, baños y salones, completamente silenciosos, solo para los muertos.

—De En busca del saber: viajes de un erudito de la Capilla, del hermano Genitivi

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