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Texto del códice

Si el guarda es un elfo urbano...
Los humanos cuentan historias de Andraste y, para ellos, fue una profetisa. No obstante, para nuestro pueblo fue una inspiración. Su rebelión contra Tevinter nos dio una ventana por la que ver el sol y nos abocamos a ella con todas nuestras fuerzas. La rebelión fue breve, pero se vio coronada por el éxito aún después de que muriera la profetisa, luchamos por la independencia mientras el Imperio empezaba a desmoronarse. Al final, conseguimos la libertad y la tierra meridional conocida como los Valles y empezamos la Larga Marcha hacia nuestra nueva patria.

Allí, en los Valles, nuestro pueblo revivió el antiguo saber lo mejor que pudo. A la primera ciudad la bautizamos como Halamshiral, "el final del viaje", y fundamos una nueva nación, aislada, como tenían que estar los elfos, y patrullada esta vez por una orden de caballeros esmeralda que tenían la misión de vigilar las fronteras para evitar problemas con los humanos.

Pero ya es sabido que la historia no acabó bien. Una pequeña fuerza de incursión élfica atacó el pueblo humano de Cruce Bermejo que había cerca, un acto colérico que provocó que la Capilla tomase represalias y, con su superioridad numérica, se apoderara de los Valles.

No fuimos esclavos, como lo habíamos sido anteriormente, pero esta vez se nos prohibió que adorásemos a los antiguos dioses. Si, se nos permitió que viviésemos entre los humanos, pero solo como ciudadanos de segunda clase que adoran a su Hacedor, para olvidar una vez más los pedacitos del saber que habíamos conservado durante siglos.

--"Auge y caída de los Valles", según fue contado por Sarethia, hahren de la elfería de Pináculo


Si el guarda es un elfo dalishano...
Resulta difícil hablarles a nuestros hijos de aquellos de los nuestros que han decidido vivir entre las ciudades de los shemlen. Me preguntan: "¿por qué alguien puede querer que lo traten así?". Y a veces no sé qué responderles, porque yo tampoco lo entiendo. Fueron liberados, pero han vuelto a vivir al servicio de sus antiguos amos. Se los confina como animales en barrios amurallados de las ciudades shemlen. Hacen las tareas más serviles y no reciben nada como recompensa. ¿Por qué? No lo sé.

Les decimos a los niños que los elvhonan somos fuertes, que somos un pueblo orgulloso, pero oyen hablar de esos elfos de las ciudades que han elegido vivir penosamente bajo el pesado yugo de los humanos. ¿Cómo podemos enseñarles orgullo cuando saben que hay otros que dejan que los humillen así? Así que les decimos que han de sentir lastima por esos elfos de las ciudades que han renunciado a su pueblo y han renunciado a su herencia. Les decimos que algunos están tan acostumbrados a ser controlados que, cuando son libres, no saben qué hacer con sus vidas. Son débiles y tienen miedo. Miedo de lo que no les es familiar, miedo de nuestra vida nómada. Y, sobre todo, tienen miedo hasta de soñar que algún día consigamos nuestra propia patria.

--Gisharel, custodio del clan Ralaferin de los elfos dalishanos


Si el guarda no es un elfo urbano ni un elfo dalishano o en Dragon Age II...
Cuando la Santa y Gloriosa marcha de los Valles comportó la disolución del reino élfico y volvió a desarraigar a muchos elfos, la Divina Renata I declaró que todas las tierras leales a la Capilla debían darles refugio dentro de sus murallas. Teniendo en cuenta las atrocidades que habían cometido los elfos en Cruce Bermejo, fue una gran muestra de la caridad de la Capilla. Sin embargo, se puso una condición: los elfos tenían que dejar de lado a sus dioses paganos y vivir bajo el dictado de la Capilla.

Algunos elfos rechazaron nuestra muestra de buena voluntad. Se unieron para formar los elfos dalishanos nómadas y mantener vivas sus antiguas costumbres... y su odio por los humanos. Hasta el días de hoy, los elfos dalishanos siguen aterrorizando a aquellos de nosotros que se aventuran demasiado cerca de sus campamentos. No obstante, la mayoría de los elfos se ha dado cuenta de que es más juicioso vivir bajo la protección de los humanos.

Y así acogimos a los elfos en nuestras ciudades e intentamos integrarlos. Los invitamos a venir a nuestras propias casas y les dimos trabajo como criados y peones de labranza. Aquí, en Denerim, los elfos hasta tienen su propio barrio, gobernado por un custodio de los suyos. Casi todos han demostrado ser miembros productivos de la sociedad. Aun así, un pequeño sector de la comunidad élfica sigue insatisfecho. Esos alborotadores y descontentos deambulan por las calles sembrando el caos, rebelándose contra la autoridad y dando problemas.

--De Ferelden: folclore e historia, de la hermana Petrine, erudita de la Capilla

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