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Ver también: Casa Aeducan, Ruina

Una carta del paragón Aeducan a su esposa

Querida Anika:

Yo no me preocuparía por el Cónclave. Deja que los nobles se reúnan y discutan sobre qué casa tiene el thaig más grande. Eso impide que el miedo se apodere de ellos, que es lo que ocurriría de lo contrario, y evita que se conviertan en una molestia mayor. La guerra es cosa de los guerreros.

Yo diría que la estrategia del enemigo parece estar cambiando, aunque nunca antes parecía que la hubieran tenido, aparte de destruir todo cuanto encontraran a su paso. Durante semanas, hubiera jurado que su número iba menguando. Se decía que quizás estábamos cerca de borrarlos del mapa. No podíamos haber estado más errados. Porque hoy hemos dado con el grueso de su fuerza principal. Es imposible expresarlo en palabras, Anika. Nunca había visto tanta muerte en un mismo sitio. Había incontables engendros tenebrosos y, en el corazón de aquellas masas, una gran bestia, tan alta como el palacio de Orzammar, con aliento de fuego. Quizá se trate de un paragón de los engendros, porque parecían tratarlo con deferencia.

Estaban partiendo. Marchaban hacia los pozos que llevan a la superficie. Pero, en cuanto los contemplé, supe que volverán cuando hayan devorado todo lo que hay encima de nosotros.

De Las cartas del paragón Aeducan

Información adicional

  • En esta carta, el paragón Aeducan parece estar describiendo el testimonio de la horda de engendros tenebrosos y el archidemonio Dumat partiendo hacia la superficie, la cual dio paso a la Primera Ruina.
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