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Ver también: Ruina

The Dwarves Fall

El mundo de la primera Ruina fue diferente al mundo que hoy conocemos. Aparte del civilizado gobierno del imperio, la raza humana estaba formada por bárbaros divididos en clanes y tribus que guerreaban entre sí por los recursos. Al mismo tiempo, en las profundidades de las grandes cordilleras de Thedas habitaba una cultura enana tan organizada y desarrollada como primitiva era la nuestra.

Los engendros tenebrosos subieron a la superficie desde sus guaridas bajo tierra; la humanidad, tras encajar un varapalo inicial, ofreció resistencia. Los ejércitos de Tevinter intentaron enfrentarse a las multitudes de retorcidas y horribles criaturas putrefactas que los rodeaban, pero no podían estar en todas partes a la vez. La historia humana recuerda la primera Ruina como una época de terrible devastación y, aunque las historias son ciertas, somo tan arrogantes que a menudo olvidamos el precio que pagaron los enanos en sus aislados reinos de la montaña.

Los enanos se enfrentaban a hordas más numerosas que la humanidad, pues los engendros tenebrosos pretendían arrebatarles el control del subsuelo. A pesar del poder y de la tecnología que habían alcanzado los enanos, los engendros tenebrosos les vencieron; al principio destruyeron los thaigs periféricos, pero no tardaron en devorar reinos enteros. Una civilización perdida en apenas unas décadas. Lo que los humanos llamamos primera Ruina apenas es una simple escaramuza comparada con el genocidio del que fueron víctimas los enanos. Las tierras enanas, dispuestas al sacrificio, siempre presentaron batalla contra los engendros tenebrosos.

Finalmente, cuatro reinos enanos lograron combinar sus fuerzas y devolvieron los ataques: aquella cooperación supuso su salvación. Sin embargo, para el resto ya era demasiado tarde, pues los engendros tenebrosos habían tomado los Caminos de las Profundidades, los majestuosos pasajes subterráneos que unían los territorios enanos de Thedas. Ahora, a través de aquellos túneles, los engendros tenebrosos podían atacar cualquier parte de la superficie.

La humanidad no estaba preparada para una acometida se semejante envergadura. Fue patente que nuestras técnicas bélicas no bastaban. Debíamos encontrar otra forma de combatir.

Y entonces llegó nuestra salvación: nacieron los guardas grises.

—Extracto de Relatos de destrucción de Thedas, por el hermano Genitivi, erudito de la Capilla

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