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La ascensión de Dumat

La gente de hoy en día ignora las consecuencias del segundo pecado. Oh, es indudable que los píos creyentes de la Capilla condenarán el empleo de la magia corrupta, escupirán y chascarán los dedos, pero hoy nadie recuerda el alcance del horror que se desató hace ya tanto tiempo. Lamentablemente, los registros escritos que pudieran haber existido no sobrevivieron al caos y la ignorancia que sobrevino. Solo nos quedan las historias que los supervivientes nos han dejado en herencia a lo largo de las edades tenebrosas y el dogma de la Capilla, unas historias que son tan escasas como preciosas.

Creo que no quedo corto cunado afirmo que el segundo pecado provocó la perdición de toda la vida sobre Thedas. Los engendros tenebrosos son más virulentos que la peor de las plagas, son una fuerza de la naturaleza carente de corazón que arrasa nuestro mundo como si fueran un viento gélido. Por las últimas Ruinas (el nombre más apropiado que se ha encontrado para estas invasiones de engendros tenebrosos) sabemos que los engendros tenebrosos contagian la enfermedad y la hambruna por dondequiera que pasen. La propia tierra resulta consumida por su presencia, el cielo hierve de furia con nubes negras. No exagero, amigos míos, cuando digo que una masa de engendros tenebrosos es el más funesto de los augurios.

Se dice que aquellos maeses malditos que se convirtieron en los primeros engendros tenebrosos vagaron por la tierra hasta que encontraron consuelo en la oscuridad de los Caminos de las Profundidades de los enanos y allí, en las sombras, se multiplicaron. Fuera por un plan inteligente o por algún último vestigio de fe que tuvieran, intentaron localizar a los viejos dioses que habían adorado en otros tiempos. Encontraron lo que buscaban: a Dumat, el primero entre los viejos dioses, que en el pasado fue conocido como Dragón del Silencio antes de que el Hacedor lo aprisionara a él y a todos los suyos bajo la tierra como castigo por el primer pecado: usurpar el lugar del Hacedor en el corazón de la humanidad.

El dragón dormido despertó, liberado de la prisión del Hacedor por sus retorcidos seguidores, y se corrompió. Dumat fue transformándose en el primer archidemonio con una mente impía que daba vida a un terrible poder. Dumat se alzó con la horda de engendros tenebrosos tras él y volvió a asentarse en los cielos llevando la ruina al mundo que el Hacedor había creado. El viejo dios se había convertido en el ojo de una oscura tempestad que amenazaba con devorar todo el mundo.

—Extracto de Relatos de destrucción de Thedas por el hermano Genitivi, erudito de la Capilla

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