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Ver también: Capilla, Ruina

El segundo pecado

Thedas es una tierra de grandes contrastes, desde los príncipes asesinos de Antiva hasta los descoloridos grifos de las Anderfels, pero en mis viajes he descubierto una historia que une a los habitantes de esta tierra. Es una historia de orgullo y condenación, y, aunque las versiones difieren, la esencia del relato es idéntica.

El Imperio de Tevinter, en la cúspide de su poder, se extendía por gran parte de Thedas y unía el mundo conocido bajo el yugo de los tiránicos maeses. Se dice que los viejos dioses a los que adoraban los maeses les proporcionaban conocimientos acerca de la magia de sangre y que los maeses empleaban este poder prohibido para cimentar su gobierno. La sangre de los esclavos elfos y humanos descendía por igual a los altares imperiales para alimentar la codicia de los maeses. Los relatos de sus excesos son tan horripilantes que solo podemos agradecer que hoy la magia de sangre esté prohibida.

Pero todo lo que se alza debe caer llegando el momento. Quizás anticiparon su ruina, o puede que su orgullo no conociera límites, pero fuese cual fuese el motivo, los maeses se atrevieron a abrir un portal mágico que conducía a la Ciudad Dorada, en el corazón del Velo. Pretendía usurpar el trono del Hacedor que tanto tiempo llevaba desatendido en la Ciudad Dorada, pues el Hacedor había dado la espalda a sus creaciones. Pretendía tomar al asalto el firmamento con su poder y convertirse en dioses.

Esto es lo que la Capilla, con su acostumbrada tendencia a restar importancia a las cosas, denomina "segundo pecado".

Según la mayoría de las versiones de la historia, los maeses llegaron a la Ciudad Dorada y se adentraron en el Hogar del Hacedor, lugar al que ningún ser vivo había logrado acceder. Pero la humanidad no está hecha para caminar por el cielo. Los maeses estaban envilecidos por el orgullo y otros pecados y su presencia mancillaban la Ciudad Dorada. La que en otros tiempos fue una perfecta ciudadela sagrada se convirtió en un retorcido hogar de pesadillas y oscuridad. Los maeses fueron expulsados por el portal y maldecidos por su traición. Como la Ciudad Dorada había sido mancillada, también lo fueron los maeses, que acabaron transformados en unos retorcidos seres de la oscuridad: los primeros engendros tenebrosos. La Ciudad Dorada, antes un faro brillante en el corazón del Velo, se convirtió en la Ciudad Negra, un recordatorio del precio del orgullo del hombre.

—Extracto de Relatos de la destrucción de Thedas, por el hermano Genitivi, erudito de la Capilla

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