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El ascenso de Calenhad al trono

Calenhad comenzó a alcanzar la grandeza con la lealtad del arl Myrddin.

Algunos de los aliados de Myrddin también le juraron lealtad, pero lo mayoría lo consideró un acto temerario: ¿Un chico plebeyo destinado a liderarlos y convertirse en rey? Sin embargo, Calenhad demostró ser merecedor de la confianza de Myrddin durante los años venideros. Con cada victoria conseguía más y más hombres a su mando y su reputación de hombre de honor crecía. Durante su campaña contra los bannorn de las tierras bajas conoció a su compañera y amiga más infame, la jactanciosa guerrera Shayna. Calenhad se casó con Mairyn, la hija de Myrddin, una muchacha de despampanante belleza, y su firme adhesión al credo de la Capilla se convirtió en el sello de identidad de su corte. En una época en la que la Capilla todavía era joven en aquellas tierras y cortes que veneraban a Andraste, Calenhad comenzó a solidificar y unificar la nación en la linea de los países vecinos. La piedad de Calenhad acabaría granjeándose el apoyo de aquellos hombres de Ferelden que deseaban un líder con aquellas cualidades.

Con la señora Shayna a su lado, Calenhad era imparable y, el 5:42 de la Exaltada, la guerra de Ferelden se había reducido a una batalla final contra las fuerzas reunidas de Simeon, teyrn de Denerim, el noble más poderoso de la zona. Calenhad persuadió al Círculo de los hechiceros y a los guerreros de la ceniza para que acudieran en su ayuda, y en la famosa batalla del valle Blanco derrotó al teyrn Simeon y unificó la nación.

Simeon estuvo a punto de matar a Calenhad durante la batalla, pero la señora Shayna intervino, recibió la herida en su lugar y mató a Simeon. Ese mismo año Calenhad fue coronado rey en Denerim, con Mairyn a su lado como reina, pero pasó gran parte de los siguientes meses atendiendo a la señora Shayna, hasta que recuperó su salud.

Ferelden disfrutó de paz durante parte del reinado de Calenhad y la influencia de la Capilla creció con rapidez bajo la dirección del rey. Las gentes aclamaban al rey y la reina allá donde fueran, pues los plebeyos consideraban a Calenhad uno de los suyos que había logrado lo imposible. Muchas de las tierras exteriores se abrieron al comercio por primera vez en la historia. Pero, como sucede con muchas de las edades de oro, ésta no había de durar.

—Extracto de la Leyenda de Calenhad, por el hermano Herren, escriba de la Capilla, 8:10 de la Bendita

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