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Texto del códice

Si el Guarda es un enano...
Somos hijos de la roca. Ella nos sustenta, nos cobija, nos ofrece los regalos más preciados de la tierra. Los dignos vuelven a su seno al morir, convirtiéndose en antepasados. Los indignos son expulsados, para que no puedan descansar, para que sus fracasos no debiliten la roca.

Así ha sido desde memorias más tempranas. Vivimos por la roca, guiados por los antepasados, que hablan con la voz de los juegos y cuyas memorias el moldeato conserva para siempre en lirio.

No aceptamos las promesas vacías del cielo, como hacen los elfos salvajes, ni nos desvivimos por obtener el favor de dioses desaparecidos. En vez de ello, seguimos los pasos de los paragones, los más grandes de nuestros ancestros, guerreros, artesanos, lideres, los mayores ejemplos de vidas pasadas al servicio de nuestros hermanos enanos. Los paragones se unieron a la roca en vida y ahora montan guardia a nuestra puerta, recibiendo a los exteriores que tienen el privilegio de visitar nuestra ciudad. Sabemos que no nos cabe esperar mayor honor ni mejor recompensa que llevar una vida excepcional.

--Según fue contado por el moldeador Czibor


Si el Guarda no es un enano...
El Cantar de la luz apenas se oye en los salones de Orzammar. Es algo poco sorprendente porque los enanos no tienen ningún dios, a diferencia de los elfos que fueron abandonados por sus dioses -literalmente- o los tevinteranos, que adoraban a los dragones.

Hasta el concepto de adoración parece serle ajeno a Orzammar. En vez de ello, parece que los enanos veneran a "la roca", el nombre que dan para designar a la propia tierra. Parece bastante práctico para un pueblo que habita bajo ella, aunque quizás algo falto de imaginación.

Cuando quieren ser guiados en cuestiones espirituales, buscan en sus antepasados. Estos ancestros, de los que se dice que han vuelto a la roca, comunican sus deseos a los vivos mediante unos combates de ordalía brutales a los que llaman "juegos". El moldeato mantiene el saber colectivo de los antepasados y, al parecer, tiene registros realizados sobre el propio lirio.

Por encima de los antepasados, incluso de los reyes, se encuentran los paragones, que son los enanos que han alcanzado tal grandeza que son ensalzados casi a la divinidad. De ellos son las grandes figuras que sostienen el corredor que viene de la superficie, la primera vista de Orzammar que contemplan los forasteros.

--De En busca del saber: viajes de un erudito de la Capilla, del hermano Genitivi

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