Dragon Age Wiki
Advertisement

Ver también: Objeto: La coraza de la ceniza

Texto del códice

La carga de los guerreros de la ceniza es un espectáculo digno de contemplarse. Acompañados de sabuesos y profiriendo gritos de batalla, los guerreros de la ceniza hacen arredrarse hasta a los veteranos más curtidos. Y si la línea enemiga llega a mantenerse, empieza la prueba de verdad. La pluma y la tinta no hacen justicia a la fuerza bruta de su rabia.

Pese a la fama de estos guerreros, siguen corriendo falsas ideas sobre ellos. Algunos creen que los mercenarios son en su mayoría miembros de las tribus avvaritas o chasind. Sin duda, su armadura evoca raíces bárbaras, pero los hombres y mujeres que integran los guerreros de la ceniza son en su mayoría civilizados. En mis viajes como cronista y cirujano, pasé varios meses con ellos, aunque resultó difícil encontrar a alguien dispuesto a contar su pasado. Las historias que sonsaqué poco a poco eran narraciones escalofriantes sobre hombres muy duros.

Uno era un incendiario que se unió a los guerreros de la ceniza cuando ya estaba en el patíbulo. Otro era un fratricida y al terrible pasado de un tercero prefiero no referirme. Al unirse a los guerreros de la ceniza, sus crímenes fueron perdonados, como si nacieran de nuevo. Hasta en los registros legales se borra su vida pasada: se invalidan contratos, se anulan matrimonios e incluso desaparecen las partidas de nacimiento. En esto se parecen mucho a la Legión de los Muertos enana. Dedican su nueva vida a redimirse y servir.

Durante mi primera noche con la banda, me quedé muy sorprendido cuando me pidieron que les cantase algunos versos del Cantar de la Luz. Pese a su siniestro aspecto y sus terribles vestimentas, anhelaban oír el Cantar como un fiel parroquiano. Me sentí como deberían de haberse sentido los primeros misioneros: rodeado de bárbaros. Cuanto más aprendía de los guerreros de la ceniza, más preguntas me surgían. Son mercenarios que no piden paga, individuos sin pasado a los que se los considera hombres del rey aunque no se deben a nadie. Podría haber viajado años con ellos, y aún me quedarían misterios por desvelar.

—De Anales de la Marca Escarlata, del hermano Bedine, erudito de la Capilla

Advertisement