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Texto del códice

En otros tiempos, Kirkwall se encontraba en el límite del imperio de Tevinter y albergaba a cerca de un millón de esclavos. Secuestrados en tierras élficas o llegados de allende los mares, los esclavos satisfacían la insaciable sed expansiva del imperio y trabajaban en canteras gigantescas y fundiciones asfixiantes produciendo piedra y acero.

No es fácil olvidar el difícil pasado de la ciudad, ya que la historia ha marcado muchos rincones de la ciudad de piedra. Los barcos que se acercan al puerto ven el imponente muro negro que da nombre a la ciudad a varios kilómetros y, excavado en el acantilado, está el panteón de guardianes infames que representan a los viejos dioses. Con el paso de los años, la Capilla ha eliminado bastantes de estos centinelas profanos, pero harán falta muchos años más para acabar con todos.

También se excavó en el acantilado un canal que permite a los barcos acceder al interior de la ciudad. Flanqueando el canal hay dos estatuas de bronce gigantescas: los gemelos de Kirkwall. Las estatuas tienen su función práctica, ya que Kirkwall se encuentra en el punto más estrecho del mar del Despertar y se puede tender una red de malla gigantesca entre las estatuas y el faro que cierre el único canal navegable. Los distintos soberanos de la ciudad custodian celosamente este método de control del tráfico marítimo, ya que la red sirve para cobrar impuestos, peajes y extorsiones a los navegantes.

—De En busca del conocimiento: los viajes de un erudito de la Capilla, del hermano Genitivi

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