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Ver también: Capilla

El imperio en llamas

La primera Ruina asoló el imperio de Tevinter. No solo los engendros tenebrosos arrasaron el país, sino que los ciudadanos de Teventer tuvieron que enfrentarse al hecho de que sus dioses se hubieran vuelto contra ellos. Dumat, el dios viejo al que en otros tiempos llamaron Dragón del Silencio, se había alzado para silenciar el mundo y, a pesar de las frenéticas súplicas, los otros dioses permanecieron impasibles. Las gentes del Imperio comenzaron a cuestionar su fe, asesinando a sacerdotes y quemando templos para castigar a los dioses por no prestarles ayuda.

En aquellos tiempos el imperio se extendía por todo el mundo conocido, incluso después de la devastación causada por la primera Ruina. El Imperio, rodeado por tribus bárbaras, estaba bien preparado para repeler invasiones del exterior. Qué apropiado es que la historia de su caída comience en su interior.

Los habitantes de las zonas más norteñas y orientales del Imperio se rebelaron contra los poderosos señores. Los maeses de Tevinter convocaron demonios para aplacar los pequeños levantamientos, quemando los cadáveres para dar ejemplo a todos los rebeldes. El Imperio comenzó a fragmentarse desde el interior; multitudes de ciudadanos furiosos y desilusionados lograron lo que siglos de ejércitos enemigos no habían conseguido. Pero los maeses confiaban en su poder y no podían imaginar que iban a sobrevivir a una Ruina solo para ser destruidos por sus propios súbditos.

Incluso después de la Ruina, Tevinter disponía de un ejercito mayor que el de cualquier otra nación organizada de Thedas, pero ese ejército ahora estaba disperso y su moral hundida. La situación de Tevinter era tal que los bárbaros alamarri, que habían distribuido sus clanes y posesiones por la espesura del valle de Ferelden en el extremo sudoriental del imperio, observó la debilidad del enemigo y, tras una época de opresión, inició una campaña no solo para liberar sus propias tierras, sino para derribar a la poderosa Tevinter.

Los líderes de aquella bendita campaña fueron el gran caudillo bárbaro Maferath y su esposa, Andraste. Sus sueños y ambiciones cambiarían el mundo para siempre.

—Extracto de Relatos de la destrucción de Thedas, por el hermano Genitivi, erudito de la Capilla

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