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Texto del códice

Para bien o para mal, el imperio ha dejado su impronta en Thedas para siempre.

El antiguo camino imperial se sigue utilizando aún en la mayor parte de Thedas. Las ruinas de las fortalezas y de los centros de estudios mágicos de Tevinter todavía llenan el paisaje, mucho después de que la gloria del imperio se haya desvanecido. Pero la influencia de este antiguo imperio es mucho más honda que todo esto. Sin Tevinter, no habría habido Ruinas, ni Andraste ni Capilla. Todos los aspectos de nuestro mundo serían distintos.

Puede que el poderío y la majestad del imperio se hayan apagado, pero éste sigue haciendo patente su presencia, hasta en los rincones más lejanos de Thedas. Todos los niños han crecido oyendo historias de Tevinter como es en la actualidad: una nación decadente, gobernada por el arconte y su corte de maeses, unos nobles magos tan grandes como corruptos, sin duda. Su Capilla es una burla de la nuestra, eligen a su Divino Negro entre los miembros del Círculo de hechiceros de Minrathous, pervirtiendo la ley más sagrada del Hacedor: “La magia existe para servir al hombre, nunca para dominarlo”. Los magos del imperio dicen que su deber más sagrado consiste en servir al hombre, y lo hacen ostentando el poder político.

Y lo que es peor, lo que haría llorar a la divina Andraste con solo verlo: todo se construye sobre los cimientos de la esclavitud. Aunque todas las naciones prohíben la compraventa de esclavos, casi todas envían a sus gentes al imperio para venderlas y se saltan así la prohibición de tal atrocidad para alimentar el hambre insaciable de cuerpos que tiene el imperio: cuerpos para combatir a los qunari, para trabajar en las minas y canteras, para construir los palacios de los maeses, para barrer las ruinosas calles y airear los estercoleros y cumplir las órdenes de sus señores magos.

—De Ciudad Negra, Divino Negro: estudio del imperio de Tevinter, de la hermana Petrine, erudita de la Capilla

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