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Sobre el culto a los dragones

Supongamos, por un momento, que un dragón celestial es un animal, simplemente. Un animal astuto, sin duda, pero carente de una consciencia o de una inteligencia propias. Al fin y cabo, no hay ni un solo caso registrado de un dragón que intentara comunicarse o realizar un acto que no pudiera atribuirse, por lo demás, a un bestia lista.

¿Cómo, entonces, se explica uno la existencia de los llamados "cultos a los dragones" durante toda la historia?

Uno de esos cultos podría explicarse, especialmente en el caso de la fe de los viejos dioses, en el antiguo imperio de Tevinter. Tras la primera Ruina, muchos ciudadanos del imperio, desesperados, se pusieron a adorar a dragones en sustitución de los viejos dioses, que les habían fallado. Un dragón, al fin y a cabo, era una imagen divina que podían ver: estaba ahí, tan real como el mismo archidemonio, y a las pruebas me atengo, ofrecía una cierta protección a sus adoradores.

Otros cultos a los dragones podrían explicarse a la luz del primero. Algunos miembros del culto podrían haber sobrevivido y difundir la palabra. La adoración de los viejos dioses estaba tan extendida como el propio Imperio y, ciertamente, esos secretos podrían haber caído en muchas manos. Pero hay informes de cultos a los dragones hasta en lugares donde el Imperio nunca llegó, entre pueblos que nunca habían oído hablar de los viejos dioses o no tenían ningún motivo para ello. ¿Cómo los explica uno?

Los miembros del culto a un dragón viven en el mismo cubil que el dragón celestial, alimentando y protegiendo a su prole indefensa. A cambio, el dragón celestial permite a los adoradores matar a unos cuantos de sus retoños para regalarse con sangre dragontina. Se dice que esa sangre tiene un gran número de extraños efectos a largo plazo, incluyendo el conferir una gran fuerza y resistencia, así como un deseo mayor de matar. También puede provocar la locura. Los cazadores de dragones nevarros dicen que esos adoradores son unos oponentes increíblemente poderosos. Los cambios que operan en ellos son una forma de magia de sangre, sin duda, pero ¿cómo se forma en primer lugar esta relación simbiótica entre el culto y el dragón celestial? ¿Cómo saben los adoradores que han de beber la sangre del dragón? ¿Cómo los convence el dragón celestial de que se hagan cargo de su prole, o cómo sabe que lo harán?

¿Hay más inteligencia dragontina de lo que hemos conjeturado en un principio? Ningún miembro de un culto a un dragón ha sido apresado vivo, y lo que los anales recogen de los tiempos de los cazadores nevarros son únicamente desvarios y narraciones imposibles sobre la divinidad. Como los dragones solo han reaparecido recientemente, aunque siguen siendo increíblemente raros de ver, puede que nunca sepamos la verdad, pero las preguntas siguen en el aire.

--De Llamas y escamas, del hermano Florian, erudito de la Capilla, 9:28 del Dragón.

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